El conquistador de los 5 anillos Capitulo 10

Por fin!!!!, 

Despues de varios meses de "descanso" (estar full ocupado en asuntos personales y trabajos no se le puede llamar descanso) retorno a escribir mis novelas, y espero poder seguir asi hasta por o menos diciembre que es el mes que tiende ocuparme bastante.

este capitulo va a ser largo pues por obvias razones, debo recuperar el tiempo 

y aqui el dibujo del rey conqistador distrayedo a la bruja para conquistar su retaguardia, lo que no sabe es que la maqina asesina de la bruja lo tiene pillado 😉




advertencia tiene lenguaje soez y algo de sangre



y que lo disfruten


aqui les dejo el pdf por si lo quieres leer offline

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Cuidado que viene y nada lo detiene
Se acerca, la puerta muy pronto estará abierta
Sus pasos resuenan y sus palabras truenan
Cuidado que viene ya!
Tiene los ojos negros
Como la noche oscura
Tiene los ojos negros
Mirada de locura
Yo tiemblo solo al verlo
Me estremece escucharlo
Pero me gusta hacerlo
 Y no puedo evitarlo
Diávolo

“Diávolo” – los melódicos

CAPITULO 10
LA CAIDA DE ZANK CHARLES -PARTE 01-

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La mañana es fresca dentro de los muros de la ciudad Zank Charles.

Su origen de una pequeña fortaleza fronteriza que fue creciendo a medida que llegaban gente que escapaban de las guerras que se daban en las demás fronteras del joven reino de Impsa, hizo que la ciudad fuera principalmente formada por casas de madera y calles de barro.

Las edificaciones civiles hechas de piedra y yeso, los altos muros que ahora la rodean, las calles empedradas que fungen como columna vertebral de la ciudad y a las que se unen las de barro surgieron cuando el Noble Caudillo Gor Carl II se volvió incomodo al recién coronado segundo rey de Impsa y a su corte enviándolo a ese lejano poblado como un exilio no oficial.

Lamentablemente después de Gor Carl II no hubo un dirigente que siguiera su estela, solo llegaban nobles que robaban los impuestos e incluso vendían las armas y armaduras de las tropas apostadas a los mercenarios, aprovechando que era una frontera relativamente tranquila debido a que la montaña negra fungía como un escudo natural contra el temible ejercito de los Dinosios el reino rival desde el nacimiento de Impsa.

—Que aburrido…

El bostezo de un hombre que está llegando al fin de sus treintas cuya cabeza con escaso cabello reposa en su mesa cubierta de papeles irrumpe la lectura de actividades pendientes de la persona quien lo acompaña en su despacho, su nombre es Sen Faim.

—lo sé, después de estar como locos resolviendo la situación que causo la llegada de esos más de mil hombres del ejército y rematar con el traslado de los heridos y muertos, volver a la rutina normal es muy aburrido.

Era una joven mujer de unos 22 años de piel canela y cabello corto de contextura atlética aunque manteniendo su femineidad a pesar de usar ropas que usualmente usan los hombres, cuyo nombre es Konai Mali

—Me siento como cuando llegamos, pasamos de estar en el calor de la batalla al frio del papeleo. —comento Sen.

Konai cuya hermosura radicaba en ese extraño balance de rostro duro pero femenino, arroja los papeles que sostenía al suelo, se levanta y palmea la espalda de Sen.

—Después de la reunión con el Vis conde Hagamos unas rondas y después bebamos algo, eso siempre nos levanta el ánimo.  

—yo tengo otra cosa que me levanta el ánimo.

Respondió Sen con un ágil movimiento de sus brazos permitiendo que sus manos agarren con firmeza las nalgas de Konai, que responde con una sonrisa y clavándole el codo en la espalda del casi cuarentón.

Sen Faim y Konai Mali, ambos son una pareja que llevan apenas un mes de haber oficializado ante los dioses su unión amorosa que datan cerca de 10 años cuando se conocieron en el campo de guerra, él como el encargado de manejar a los mercenarios y ella como una niña mercenaria de 12 años que se coló en la tienda de Sen para ver si con sus nacientes encantos femeninos lograba una mejor paga.

Después de años de exponer sus cuellos al filo de las espadas y escapar de la muerte muchas veces por escasos pelos de ranas calvas, llegaron a la ciudad como encargados de poner orden en las paupérrimas y desmoralizadas tropas, luego que el rey en una visita sorpresa le asqueara ver la paupérrima situación de las tropas apostadas donde simulaban los armamentos con palos y cuero.

Sen como comandante encargado de las tropas logro en pocos años revertir mucho del daño de los anteriores regentes y sus oficiales, por eso aunque no era el regente oficial, ese cargo era del Vis conde Rem Flamor un hijo bastardo del rey con una de sus tías, el pueblo lo consideraba como el verdadero líder de la ciudad, situación que había llevado muchos encontronazos con el Vis conde.

Mientras Sen y Konai recorrían las calles de Zank Charles los negocios luchaban para aprovechar las efímeras riquezas que trajo la reciente movilización de soldados del reino.

En una esquina podían verse a las niñas y niños vendiendo su cuerpo al mejor postor, adultos golpeándose por que se habían hecho trampas mutuas en las cartas, ancianos extremadamente delgados pidiendo comida mientras grupos de niños robaban al descuidado como si fuesen un cardumen de pirañas al oler sangre, eran males que aun plagaban a un poblado que pasaron años de desolación y que aunque Sen había logrado recuperar aún faltaba mucho trabajo para sanar esas heridas.

A medida que llegaban a la mansión del regente se notaba el cambio del estatus de los pobladores, las calles de barro mezclado con orine y heces pasaban a calles empedradas que con cada avance mejoraba en calidad, Las casuchas de madera desgastada pasaban a casas de paredes de piedras y yeso, incluso el aire parecía oler más fresco que el de los otros sectores de la ciudad.

La mansión del regente era la más alta de ese sector y aunque en el exterior parecía tener algo de sobriedad comparada con lo que Sen y Konai habían visto en otras ciudades, su interior contrastaba pues la opulencia estaba al nivel de la familia real; vitrales que aprovechaban la luz del sol para crear una hermosa prisma de iluminación, bustos de mármol de los regentes que habían pasado, irónicamente el único que no se encuentras es del que fundó la mansión Gor Carl II.

Sen y Konai son escoltados por la guardia personal del Vis conde, previamente fueron despojados de sus armas algo que mostraba la desconfianza que había entre ellos, a medida que caminaban por el pasillo Konai se burla de un gran telar que muestra al Vis Conde como un héroe de batallas cuando la única pelea que esté ha tenido es por una pata de pollo con sus lameculos cuando están borrachos.

Llegados a la habitación la peste de orgia de comida y sexo pateo las narices de Sen y Konai, aunque ambos están acostumbrados a este tipo de orgias después de salir triunfantes en las batallas el hedor a decadencia solo porque no tenía nada más que hacer insultaba sus orgullos.

—Vamos, lárguense que tengo asuntos que atender.

Un hombre pobremente cubierto con una bata de fina tela pateaba los cuerpos desnudos y adormilados por los excesos para sacarlos de la habitación.

Aquel hombre era el Vis conde Rem, el regente de la ciudad.

Su piel es blanca y su grueso cabello negruzco era largo que llegaba a la altura de su pecho lampiño, era tan alto como Sen pero menos corpulento; aunque Rem no alcanzaba los 30 años su varonil rostro era tan envejecido como el de Sen.

—Veo que sigues haciendo “buen uso” del dinero de las arcas de la ciudad —comenta Sen.

—Oh, no te molestes Sen —contesta Rem mientras continua pateando a personas dormidas—, fue una fiesta pequeña; ayer mi madre hubiese cumplido años.

—Si no mal recuerdo eso fue el mes pasado, el Rey le hizo una buena fiesta en su memoria. —replica Konai

Era un secreto a voces que VhorTec  el Rey de Impsa amaba con locura a su Tía la condesa DeminNir, a tal punto que la volvió su amante sin oposición alguna ni siquiera la reina objetó a esto, pues todos sabían que oponerse a su voluntad era decirle adiós a su cabeza; la única objeción de la reina era que cualquier hijo que saliera de esa unión no podría aspirar a la corona lo que el rey accedió a medias pues agrego a ese pedido que sus hijos con la reina son los que deben asegurarse de ello.

Cuando la condesa falleció por una enfermedad el rey le dio los honores reales y cada año celebra su cumpleaños para recordarla cuando más brillaba.  

—Lo sé, pero quise hacerle una en su honor de mi parte como su hijo—contesta Rem —; pero mejor hablemos de las órdenes del Rey y no de lo que hago o dejo de hacer.

Rem acomoda su bata y toma asiento no sin antes sacar una carta firmada por el Rey.

—Luego del fiasco con la captura de la bruja y la aparición de ese bandido que se autodenomina “rey” va haber una reestructuración del ejercito real — Dice Rem parafraseando la carta.

—Me lo imaginaba —comenta Sen—, cualquiera de nuestros enemigos querrán aprovechar esta derrota.

—Por eso el rey tendrá una reunión con sus generales y ministros, pero extraoficialmente me aviso que Sen seria asignado a la fortaleza Pie pequeño de la frontera Barena.

—¿¡Que!? —Levanta la voz Konai—Ese lugar está rodeado de tribus salvajes por eso se envía a condenados a muerte y los lidera oficiales que juraron lealtad al dios de la calavera serpiente, ¡Sen no pertenece ahí!

La frontera Barena es una frontera cercana a Zank Charles que está cruzando una de las cordilleras de la montaña negra y es muy peligroso por ser un lugar rodeado de tribus que no se apegan ni al reino de Impsa ni al Dionisio; solo existe una fortaleza por ser un buen lugar a donde mandar a morir de forma útil a los condenados.

—Calma Konai, aun no es oficial pero igual si es una orden real poco puedo objetar —dice calmadamente Sen—, supongo que el Vis Conde ya tiene en mente mi reemplazo.

—Aun no, pero ya alguien se me vendrá a la mente —contesta Rem disimulando una sonrisa.

Después de finalizar la reunión con otros temas Sen y Konai se retiran de la mansión y toman rumbo a las calles de barro del mercado principal para ir a tomar licor para pasar el mal rato.

—Ese maldito vago de Rem está aprovechando el momento para deshacerte de ti —gruñe Konai.

—Sí, desde que llegué Rem ha tratado de sacarme de aquí y ahora tiene la oportunidad de oro —dice Sen con rostro pensativo.

—Deberías sublevarte, buena parte de los soldados te seguirían —comenta en voz baja Konai—; ha pasado en otros lados y el Rey los ha perdonado.

—no digas tonterías, Ese idiota es el hijo bastardo del Rey; me despellejarían vivo y le echarían sal a la carne viva para intensificar el dolor—contesta molesto Sen.

Mientras caminaban la conversación continuaba alrededor del mismo tema, como evitar que Sen y por extensión Konai fueran enviados a un lugar peligroso.

Repentinamente Sen la expresión que mezclaba molestia y pensativo cambia.
—Um ¿Qué fue eso? —dijo Sen con un rostro contrariado.

—¿De qué hablas? Ah dices de los niños ladrones, algunos soldados dicen que hay un hombre que los dirige así que estoy rastreándolo.

La respuesta Konai era negada con la cabeza de su esposo.

—¿No sentiste algo raro hace un momento? —comenta Sen frustrado al no tener una respuesta a la extraña sensación que recorre su cuerpo.

—La verdad no he sentido nada raro —responde Konai—, no me digas que la edad ya te está pegando.

Cuando Sen iba responderle a su esposa, un par de personas altas que van cubiertas de cabeza a pies con capas teniendo una conversación similar a la suya.

—En serio, hace un momento todo el mundo se quedó quieto como estatuas —dijo uno que por su voz era un hombre.

Esas palabras hicieron que Sen prestara atención en aquella extraña pareja, ambos eran altos uno de 1,8 metros y el otro de 1,9 metros.

El militar se acercó junto a su esposa a esta pareja que aún seguían conversando de ese extraño momento asustándolos cuando Sen le dirigió la palabra.

—Oigan ¿a qué se refieren a que nos quedamos paralizados? —pregunto Sen.

El militar lucia intimidante mientras realizaba la pregunta pero no lo hizo de forma intencional, esto hizo que la pareja encapuchada dudara en responder, tuvo que Konai suavizar el ambiente.

—Disculpen los modales del comandante —sonrió Konai—, la vejez ya le está pegando y cree que algo raro paso hace un momento.

—En realidad si paso algo raro —contesta el más bajo de los encapuchados—; hace un momento todas las personas del alrededor se quedaron paralizadas.

Konai queda sorprendida con la respuesta de aquel hombre y puede ver por el rabillo del ojo la odiosa pose de “te lo dije” de su esposo.

Luego de un intercambio de palabras Sen convida a la pareja de encapuchados a acompañarlos a tomar unos tragos para continuar la conversación, era una invitación que los encapuchados no podían negarse pues Sen y Konai estaban armados con espadas y  no mostraban signos de aceptar un no como respuesta.

Ya en la taberna que parecía ser como sacada de esas películas y series de tv que se enfocan en la época media; mesas de madera desgastada, luces de aceite para compensar la pobre iluminación, un olor a sudor mezclado con alcohol y extraño aroma acido que molesta la nariz.

—Oye, será mejor que no te quites la capucha —le comenta Konai al más alto de los encapuchado—, los licas no son bien vistos por estos lugares.

—¿¡cómo lo supo!? —responde con voz femenina el encapuchado la que hasta en ese entonces había dicho escasas palabras.

—Vamos como si hubiese muchas personas que sean tan altas —comento Konai —, y también está el nervioso meneo de tu cola.

Al escuchar que su cola se estaba moviendo, Minervis instintivamente intento sujetarla sin embargo la sonrisa burlona de Konai hizo que cayera en cuenta de que había sido una treta de aquella mujer.

—Debes tener cuidado con estas trampas mentales —dice entre sonrisa Konai—, hay gente muy mala que les encantaría hacer un abrigo con tu piel.

Aunque la capucha cubria su rostro era fácil adivinar que la Lica tenía una expresión de molestia y vergüenza por haber caído con facilidad.

Ya sentados en una mesa y Sen habiendo pedido una ronda de bebidas al mesonero que era un chico delgado y con el cuerpo lleno de sudor mezclado de suciedad, Sen se presenta formalmente con sus invitados.

—Mi nombre es Sen Faim y ella es mi esposa Konai Mali, y disculpen haberlo forzado a acompañarnos pero me preocupa lo que dijo de que nos quedamos paralizados por un tiempo.

Ante el tono sincero de las palabras de Sen, el hombre se quita la capucha y revela su cabello marrón claro con un rostro con moretones y se ve un vendaje asomarse por el cuello.

—Mucho gusto mi nombre es Cesar y ella es mi compañera Minervis, entiendo su preocupación tratare responder lo mejor que pueda para no perder el tiempo de ninguno.

Como era obvio imaginar aquel hombre era Cesar, aquel que se autodenomina Rey conquistador y que si Sen y Konai supieran que era esa persona seguramente lo estuvieran atravesando el cuello con sus espadas.

Por fortuna de Cesar estos no lo sabían, mucho tuvo que ver los rumores que distorsionaban su imagen real poniéndolo casi como un ser sacado de bizarros cuentos de hadas.

—Oye chico, ¿realmente nos quedamos como estatuas por un buen rato? —pregunta intrigada Konai.

—Así es, al principio pensé que Minervis estaba molesta conmigo porque tuvo que vender una de sus joyas por castigo, pero luego me di cuenta que todos estaban así —contesto Cesar.

—jum… Yo tuve la extraña sensación como si me hubiese dormido y despertado en un instante, fue algo raro—dijo Sen mientras se rasca la barbilla.

La idea de que alguien o algo fuese capaz de detener los movimientos de muchas personas a voluntad era aterradora, en especial en el pensamiento de un soldado pues en una batalla que tus soldados quedasen detenidos o pudiesen ser manipulados en tu contra era una sentencia de muerte.

—Entonces si eso pasó ¿por qué no te afecto a ti?

Esa pregunta hecha por Konai llegaba a un punto importante de ese extraño incidente, si todos se quedaron paralizados como estatuas hechas de carne y hueso; ¿por qué Cesar no se vio afectado?
Cesar no respondió al instante pero tenía una vaga idea del porque no se vio afectado, él venía de un pasado muy lejano más de 1000 años de diferencia era un trecho de evolución biológica y tecnológica muy grande a pesar de que el actual mundo parece haberse retrotraído a un mundo pseudo edad media.

Mientras Cesar reúne palabras en su mente para poder hilar una respuesta que no lo arrastre a una situación rara, el joven camarero trae la ronda de licor que habían solicitado, El tarro de barro parece pobremente limpio por lo que Cesar usa una parte de la capa para limpiar el borde del suyo y del Minervis que mira con repulsión el licor.

Y cuando el ingeniero toma un sorbo de aquel licor pudo entender el repudio de Minervis.

—¡¡ESTO SABE PEOR QUE ORINE!!

El ingeniero escupía el poco licor que sorbió entre arcadas para eliminar cualquier gota que haya quedado en su cuerpo del horrible brebaje.

Las risas de sus acompañantes acompañaban los ruidos y maldiciones de Cesar por la sensación asquerosa que le quedaba en su boca, incluso Minervis apenas podía contener la risa haciéndola sonar como la risa burlona del perro de una muy vieja caricatura llamado pulgoso.

—¿Y cómo conoces el sabor de la orina? —dice Konai entre risas burlonas.

—Está en mi top 5 de cosas vergonzosas que tuve que hacer para cumplir con un trabajo, y sabía mucho mejor que esta porquería.

La respuesta de Cesar hizo que Konai y Sen abrieran los ojos mientras bebían de golpe el asqueroso licor para no soportar el mal sabor.

—¿En serio bebiste orina? ¿Por qué harías eso, No te dio asco?

Esta vez fue Minervis la que pregunto eso, aunque los antropomorfos lobos usaban sus orinas para marcar su territorio debido a su olor como su contraparte animal, no compartían la costumbre de beberlo y hasta era un acto de humillación el hacerlo.

—Fue por cuestiones de trabajo, una inspectora no quería liberar el permiso de inicio de trabajos y ella tenía el fetiche lluvia dorada.

Cesar era un ingeniero en la terra formación de Marte y al finalizar su primer año de trabajo se le había ascendido como supervisor en jefe, por lo que debía lidiar con la burocracia y corrupción del gobierno y de las empresas privadas.

En uno de los 5 trabajos más importantes que hizo forjar su sobrenombre de “conquistador” era la construcción de canales de agua subterráneas, sin embargo la inspectora gubernamental que le toco era una de las conocidas “tres amargadas”, no importaba cuánto dinero o sexo se les daba siempre eran muy duras.

En una de las reuniones extraoficiales que tuvieron, Cesar descubrió su fetiche por accidente por lo que tragando su orgullo y unos cuantos cm3 de orine de la inspectora pudo culminar a tiempo su parte del proyecto, ganándose un jugoso bono en dinero, fama y tener un cuarteto con unas exuberantes mujeres, todo pagado por el binomio corrupto de gobierno-empresa privada por su buen trabajo.

Cesar le conto esa historia a Sen, Konai y Minervis, cambiando los detalles para un contexto entendible puesto que la idea de viajar a otros planetas, o siquiera volar era irreal.

—Y yo que pensaba que tuve pésimos jefes —Carcajeó Sen—; eres un hombre extraño

Cuando Sen iba alzar su mano para pedir más de ese asqueroso brebaje al mesonero, Cesar lo detiene en seco y saca un envase metálico plateado conocido también como licorera.

—No más de esa porquería —dijo mientras Cesar mientras bebía un poco de la licorera—ahora prueba Ron de verdad.

Sen probó el ron que contenía esa licorera plateada  y el buen sabor del caliente licor hizo que entendiera lo horrible del brebaje, luego lo repartio a su esposa y Konai e incluso la esquiva Minervis sintió curiosidad por el particular aroma y al tomarlo hizo un gesto de ahogo pero no negó que era muy buen licor.

—Mi padre me regalo esta licorera; me aconsejo que siempre llevara buen licor a cualquier reunión de negocios pues nunca se sabía cuándo fuera necesario —comento Cesar mientras veía alegremente lo contento que estaban sus compañero de bebida.

Aunque pidieron otra ronda de aquel brebaje, solo fue para aparentar ante el tabernero que estaban consumiendo y no los echaran del lugar por beber de la licorera de Cesar.

—Sobre porque no me afecto la parálisis —divago Cesar—, supongo que se deba que recién llegue a este lugar pues soy de un lugar lejano.

La pareja de militares asintieron pensado que esa era lo más probable, asumieron que Cesar venia del reino Dionisio y que quizás era alguna arma de estos que solo afectaba a sus rivales.
Aunque Konai le susurro a Sen para detener a la pareja para investigar más el asunto, este negó ese pensamiento.

No es que no tuviese motivo para hacerlo, es solo que su situación actual de su pronta transferencia a un lugar muy peligroso no le motivaba el querer resolverle problemas al despreciable viz conde, además le caía bien aquel hombre y su instinto le decía que era de confianza.

Cuando la licorera se quedó sin alcohol, los cuatros salieron a las callejuelas de Zank Charles algo tambaleantes.

—Y no sé por qué confías tanto en esa tela blanca para contentar a esa tetona —dijo Minervis con tono ebrio a Cesar—; vendí una joya de mi madre para comprar eso.

—Es por tu culpa que Esther este molesta, sabes que esa mujer está loca por mí pero es muy insegura y con esta tela le haremos un hermoso velo para la boda sorpresa que tendremos —contesto Cesar.

—No puede ser eres igualito que Sen —Rio Konai mientras palmea la espalda de su esposo—, haciendo bodas secretas para por fin desposarme.

—Ey, que fuiste tú la que planeo la boda secreta —gruño sen.

Mientras caminaban por la callejuela, la ruidosa conversación del grupo se redujo a solamente Cesar que aun hablaba de su plan para sorprender a Esther y motivarla aceptar ser su esposa.

Cuando Cesar se dio cuenta de ello fue sorprendido por la aparición desde las sombras por figuras ataviadas hasta la cabeza de un color negruzco, incluso las espadas estaban cubiertas por algún polvo negruzco que cubría el característico color metálico de estas armas.

Una de esas espadas negruzcas iba hacia su cara pero es detenido por Minervis que le arranca de un tajo la garganta del asesino usando sus fauces.

El sonido de choque de espadas acompañando el aroma de sangre y muerte inundaba la callejuela, Sen y konai peleaban con gran habilidad a pesar de estar ebrios contra 4 asesinos a la vez pues parecían que eran su principal objetivo.

Hace un rato Minervis, Sen y Konai se habían quedado callados porque su instinto les había puesto en alerta pues sintieron las miradas asesinas sobre su cuerpo, el único que no se dio cuenta quizás porque rara vez estuvo en esa situación fue Cesar.

Minervis se había desecho de su capa y mostraba la fiereza de su ser contra los asesinos que se dirigían a ella destazándolos con sus garras, Sen usando poderosos movimientos de su espada repelía la embestida de sus rivales y con poco movimientos apuntaba a sus gargantas para asesinarlos, Konai usaba una mezcla de espada mediana en una mano y una corta en la otra para con rápidos movimientos combinados que la protegían y atacaban casi al unísono.

Solo Cesar era incapaz de pelear en ese modo, no estaba acostumbrado a este tipo de batallas por lo que su reacción fue lenta cuando sintió en su espalda a otro asesino; si no fuese por la tela blanca evito que la hoja se incrustara en su abdomen ya estuviese muerto.

El empuje de la espada del asesino lo tiro al suelo y este intento rematarlo aprovechando su ventaja, Cesar asustado uso sus piernas para repeler el ataque pero aun así sintió como el calor de la sangre derramada empapaba su pecho.

Para su fortuna era la sangre del asesino, Konai había lanzado su espada corta clavándosela en la cara del asesino.

Cesar se levantó rápidamente y metió su mano en un estuche que llevaba en la parte trasera del cinturón, y saco un objeto metálico.

Ese objeto era una pistola de 9mm, una de las armas de fuego que se encontraba en la nave de carga en donde regresaba de Marte a La Tierra.

En su duelo contra GarGel era una de las armas que llevo, solo lo iba usar como último recurso pues el tamaño, robustez y agilidad de aquel Lica la haría un arma algo ineficaz por necesitar varios disparos para abatirlo y además de que el ingeniero no tenía practicas con este tipo de armas.

Pero la situación actual amerita el usarlo, no podía quedarse como blanco fácil mientras otros se ponen en riesgo para protegerlo; Cesar usa sus manos para quitar el seguro y amartillar el arma, apunta al cuerpo del asesino que acecha la espalda de Sen, pone su dedo en el gatillo y…


PAUSA II

—¿um? ¿De nuevo se paralizaron? —se dijo extrañado Cesar.
Cesar vio que solo siguió su movimiento Minervis por un instante pues se había lanzado contra un asesino que para contrarrestarla puso su espada para clavársela y la Lica hizo un movimiento para evitar la estocada a pesar de que se veía que estaba afectada por la parálisis.

—¿Qué rayos pasa con estas parálisis?

En eso Cesar puede sentir una fuerte mirada que se le clava en la nuca, gira al origen de esa sensación y puede ver en un lejano techo a una figura que también es capaz de moverse.
A pesar de la distancia el ingeniero siente que es capaz de oír a esa figura y que esta dice “oh, así que realmente te puedes mover”

—Rayos, no salgo de una para meterme en otra —gruño Cesar.



PLAY >

Con los asesinos neutralizados pues Cesar aprovecho para golpearlos y con el movimiento de las personas restablecido, Sen intenta preguntarle quien los mando.

Pero fue inútil.

A diferencia de asesinos comunes que hubiesen hablado al sentir el filo de la espada en sus gargantas, estos mordieron su lengua para morir antes de hablar.

—Nunca había visto algo así —comento Minervis mientras Cesar la ayuda ponerse su capa.
Sin embargo Sen y Konai si lo habían visto y tenían una idea de quien fue quien los envíos.

—Ese bastardo realmente me quiere muerto para movilizar los asesinos profesionales —gruño Sen.

—Sin duda, creo que noto que no te irías así como así a ese lugar —agrego Konai—, tal vez deberíamos devolverle el favor.

—Eh bueno, creo que nosotros acabamos aquí, no es por ser mal compañero pero no nos compete esto —dijo Minervis.

Ante esas palabras la pareja militar estuvo de acuerdo pues a pesar de la ayuda, era un asunto que no les competía, pero Cesar no parecía estar de acuerdo, tomo la tela blanca que estaba arruinada y mientras recordaba la imagen de aquel sujeto que vio durante la parálisis, sintió que estaba metido en un asunto más peligroso de lo esperado.

Pensó en que pasaría si se iba y el temor de que no solo arrastraría ese peligro a donde se encontraba Esther y los demás Licas sino que estaría en desventaja le hizo tomar una decisión.


—¿Saben qué? Quiero conocer al que está arruinando mi boda sorpresa.

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